El recibo de la luz sigue siendo hoy uno de los grandes misterios en España. Los consumidores no han parado de ver engordar su factura durante los últimos años -un 70% desde 2008-, mientras tres de cada cuatro reconocen no saber cómo se calcula su importe. Así lo demuestra una encuesta realizada recientemente por la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC). El asunto es de crucial importancia ya que una información clara y transparente es un factor crucial para garantizar la sana competencia en un mercado. El secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal, aseguraba esta misma semana en una entrevista con este diario que la mejora de la competencia en el mercado energético pasa por suministrar más información sobre consumos al ciudadano, tanto de luz como de carburantes, aprovechando las mejoras tecnológicas. Urgen medidas de este tipo en el escenario actual teniendo en cuenta que, según la CNMC, un 85% de los consumidores no conoce la diferencia entre el mercado libre -en el que operan más de cien compañías- y el regulado, reservado a las cinco grandes eléctricas tradicionales: Iberdrola, Endesa, Gas Natural Fenosa, EDP y Viesgo. Este punto es clave a la hora de contratar distintas ofertas y descuentos. El mismo informe de Competencia pone de relieve también que un 78% de los consumidores no conoce la diferencia entre los dos grandes componentes de su factura: los costes regulados y el precio de la energía. El primero incluye distintas partidas como los apoyos a las energías renovables, la gran industria o el carbón, el coste de abaratar la luz en los territorios extrapeninsulares para que sus habitantes paguen lo mismo que en la Península, la deuda del sistema, el pago a las eléctricas por distribuir la luz a través de sus redes… Mientras en el segundo grupo se agrupa el precio del kilovatio hora en el mercado de generación. La mayor parte del aumento de la factura durante los últimos años se ha producido en la parte política del recibo, fijada por el Ministerio de Industria al comienzo de cada año.

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Tampoco está clara para un 63% la diferencia entre la empresa distribuidora de electricidad y la comercializadora que la vende. Una de ellas se encarga de transportar la luz y distribuirla a través de sus redes, mientras la otra realiza la factura. El primero de estos mercados está reservado a las grandes compañías del sector, mientras el otro está abierto a la competencia. «La mayoría de los consumidores cree que si cambia de suministrador, pierde calidad de suministro. Esto no es así», explica Nadal.Por último, Competencia advierte de que uno de cada cuatro consumidores no sabe qué potencia contratada tiene en su vivienda. Este concepto hace referencia a la cantidad de energía que se puede usar simultáneamente en un hogar sin que salten los plomos. Cada kilovatio (KW) supone un coste de seis euros al mes, y un 38% de los hogares tiene contratados entre 4 y 6 kw. Ajustar la potencia es clave para ahorrar en el recibo eléctrico, evitando pagar de más. La falta de entendimiento en el recibo se acaba traduciendo en una insatisfacción en el suministro. La mitad de los consumidores eléctricos que se declara «nada satisfecho» con el servicio lo vincula a la «falta de claridad» en sus facturas. Esta cifra es el doble que en otros suministros como la telefonía o la banda ancha, donde hay la mitad de usuarios insatisfechos y estos vinculan su enfado a otros aspectos como el precio, la atención al cliente o los cortes en el servicio.

Fuente: El Mundo, 20 de noviembre de 2015