El 31 de marzo del 2014 empezó a aplicarse una nueva referencia para calcular el coste de la energía doméstica, el mercado mayorista, que se caracteriza por ser imprevisible y cambiante.

Un año hace ya de la revolución. De que los consumidores estrenaran sistema para fijar el precio del recibo de la luz. Desde el 31 de marzo del 2014, el término de energía de la factura -que representa casi el 40 % de la misma- se mueve al loco ritmo que marca el mercado mayorista, o pool, en el que Red Eléctrica (REE) adquiere cada día a las centrales de generación los megavatios horas que estima se precisan para satisfacer la demanda nacional. Este zoco de la energía ya existía y el Ministerio de Industria decidió que sería el modelo a seguir porque al fin se aplicarían precios reales de mercado al recibo de la luz. Ideal.

Pero las organizaciones de consumidores advirtieron desde un principio de que por la propia naturaleza de ese mercado la factura eléctrica sería incontrolable. El pool marca precios diferentes no solo de un día para otro, sino incluso de una hora para otra. Esto se explica porque el megavatio hora no cuesta lo mismo cuando el consumo se dispara -lo que suele ocurrir a la hora de comer y a la cena- o se desinfla -de noche-, ni si lo produce un parque eólico o una central nuclear. Por eso es tan variable y, para las asociaciones de consumidores, incontrolable. El ministerio lo admite, pero asegura que la energía será más barata que antes.

Hasta diciembre del 2013, el precio era fijo durante tres meses seguidos. Era lo bueno que tenía el sistema antiguo de subastas eléctricas, en funcionamiento desde el 2009. Esas pujas eran opacas para el gran público, pero estaban supervisadas por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). El operador del mercado ibérico (OMIE) era el encargado de dar a conocer los resultados y dar como mucho la cifra de participantes. Nunca, quiénes eran. En todo caso, sí se sabe que eran fondos de inversión que hacían negocio con el precio de la energía. Porque en esa subasta se fijaba lo que costaría la electricidad para los consumidores domésticos durante los tres meses siguientes. Eso suponía un peligro para los inversores, que se cubrían las espaldas para evitar pérdidas cobrando de antemano una especie de prima de riesgo. Es decir, los usuarios pagaban de más sí o sí. Según el propio ministerio que no solo las permitió, sino que las avaló durante años, los consumidores pagaron 1.160 millones anuales de más por esas subastas.

Un cambio no planeado

Pero la decisión de cambiar un sistema por otro no fue un camino de rosas precisamente, ni siquiera algo planeado de antemano. Soria dio el golpe en la mesa ante los indicios de presunta manipulación de los precios en la última subasta, la de diciembre del 2013. La CNMC no se atrevió a validar un resultado que hubiera supuesto de golpe un incremento del recibo de la luz de un 11 %. El escándalo fue de tal magnitud que Soria no tuvo más remedio que dar órdenes de anular la subasta -habló directamente de manipulación- y de buscar otra alternativa que sirviese como referencia para calcular el recibo de la luz. Mientras lo pensaba, el ministerio decretó un precio provisional que estuvo en vigor entre enero y marzo del 2014. Luego se implantó el nuevo sistema, que, por cierto, también despertó sospechas de manipulación en el seno de Competencia. De momento, no ha podido demostrarlo lo suficiente como para multar a ninguna empresa.

La facturación sobre consumo real, en abril

En abril -salvo cambios de última hora-, los consumidores que dispongan de contadores inteligentes en sus hogares pagarán exactamente la electricidad que gasten. Será posible gracias a la implantación de un sistema informático unificado de gestión de los datos que envíen los medidores digitales a las compañías eléctricas. Hasta el momento, los usuarios no pueden disfrutar de la principal ventaja del nuevo sistema de fijación de precios -pagar en cada momento el coste real del kilovatio hora que consuma-. Ni siquiera con contador digital. Todos los consumidores -con aparato inteligente y sin él- pagan una media calculada por REE a partir del precio de mercado durante el período de facturación.

La Voz, 16 de marzo 2015